Ha dejado de cenar con vosotros. Corta la comida en trozos diminutos. Dice que «ya ha comido» pero no es verdad. O de repente solo quiere alimentos «sanos» y rechaza todo lo demás. Algo ha cambiado y no sabes si preocuparte o si es «cosa de la edad». Si estás leyendo esto, probablemente ya intuyes que no lo es.
Las conductas alimentarias extrañas en la adolescencia no siempre significan un trastorno de conducta alimentaria, pero sí son una señal que merece atención. Saltarse comidas de forma sistemática, obsesionarse con las calorías, pesarse varias veces al día, esconder comida, ir al baño justo después de comer o hacer ejercicio de forma compulsiva son comportamientos que indican que la relación de tu hija con la comida y con su cuerpo se ha vuelto problemática. Lo complicado es que muchos adolescentes ocultan activamente estas conductas, y cuando los padres las detectan, el problema suele llevar ya un tiempo instalándose. Por eso es tan importante no esperar a tener la certeza total: si algo te genera preocupación, esa preocupación ya es motivo suficiente para consultar con profesionales especializados en trastornos alimentarios.
Y hay algo que como padres conviene mirar con honestidad: cómo hablamos de comida, de cuerpo y de dietas en casa. Comentarios aparentemente inocentes como «me he puesto a dieta», «estoy gorda», «esto engorda mucho» o «qué bien te queda, has adelgazado» crean un fondo sonoro constante que tu hija absorbe. Si en casa la comida se vive con culpa, si el cuerpo se evalúa en voz alta, si las dietas son un tema recurrente, el mensaje que recibe es que su valor también pasa por lo que come y lo que pesa. No se trata de culpabilizarse, sino de tomar conciencia: lo que modelamos tiene más peso que lo que decimos. Revisar nuestra propia relación con la alimentación y con la imagen corporal es uno de los gestos más protectores que podemos hacer.
Si reconoces varias de estas señales en tu hija, no lo dejes pasar pensando que «ya se le pasará». Los trastornos alimentarios son progresivos y cuanto antes se interviene, mejor es la evolución. Tampoco intentes resolverlo sola en casa con control o presión sobre las comidas, porque eso suele generar más resistencia. Lo que sí puedes hacer ahora es dar el primer paso: contacta con nosotras y te orientamos. En iAra trabajamos con adolescentes y sus familias desde un enfoque integral y cercano, y te acompañamos en este proceso para que tu hija pueda recuperar una relación sana con la comida y consigo misma.

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